Relatos de la Degeneración del 43

 

Degeneracion del 43

 


"La última del difunto Cucu"

Estábamos disfrutando de un maravilloso puente festivo de primavera en la villa de Santoña.

Eran ya cerca de las 6 de la mañana, y sólo quedábamos Pillo, el difunto y yo. Nos dirigíamos a comer una maravillosa empanada de Matilde, cuando a la altura del Bar Rafa nos encontramos, en la cueneta de la carretera, una redonda, pequeña e insinuante señal de prohibido el paso. Sin hacernos preguntas, nos dispusimos a coger la señal y a ponerla donde debía estar, es decir, en medio de la calle Manzanedo, en la entrada principal de Santoña.

Nos sentamos en la piedra que circunda el Parque de Manzanedo, esperando las consecuencias de nuestra obra pública. La suerte que nos caracteriza en estos casos, hizo que el primer coche que quiso pasar por esa vía fuera el de la Guardia Civil. Cucu, que hacía las funciones de vigía, dió la voz de alarma:

-"¡La Guardia, la guardia civil!, ¡que viene la Guardia Civil!".

Alertados por Cucu, empezamos a correr desesperados huyendo de la autoridad, bueno, algunos más desesperados que otros, desesperados y sin control, como Pillo, que en su carrera hacia la libertad, y acercándose perpendicularmente a la acera, pasando entre dos coches aparcados, inexplicablemente, no pudo hacer el giro a la izquierda, y se estampó contra la pared del Bajo izquierda (casa de la limpiadora del portal del accidentado), lo que causó un estruendo que me alertó, y al ver a Pillo, en su seca caída, le dije:

-"Pero, qué haces?, qué haces?".
-"Ahh, Ahh, nada", contestó".

Pillo se levantó recuperado del golpe, y entre los dos intentamos buscar a Cucu, que, dada su extraordinario don para el atletismo, y concretamente para las distancias cortas, que requieren de un sprint poderoso, se encontraba en la puerta trasera de los Campos del Paloma.

Cuando llegamos donde estaba Cucu, tuvimos que decidir donde ír, ya que nos encontrábamos en una intersección de tres vías, y con una morcilla espantosa que nos hacía ver seis. Panificadora o Nudos, esa era la cuestión. Cucu, guiado por sus nuevas influencias, apostó por ir a la Nudos, a lo que nos opusimos rotundamente Pillo y Yo, mejor una empanada y volvemos a poner la señal en medio de la calle. Con la empanada en las manos volvimos al lugar de los hechos, y comprobamos que la Guardia Civil simplemente había retirado hacia un lado de la calle la señal, lo que cuál nos dejó atónitos, ya que nos estaban invitando a seguir con nuestra obra.

Así fué, y esta vez llegaron coches, y con ellos las risas, las carcajadas al ver como daban la vuelta y buscaban una calle abierta para entrar a Santoña. Fueron diez coches los que tuvieron que dar la vuelta ante nuestra señalización, lo que causó la consabida alarma social, y la consiguiente llamada de la típica vieja senil a la Policía Local (Juanchi y cia). Llegaron de inmediato, como suele ocurrir cuando estamos nosotros implicados, y con su llegada se multiplicaron las risas, y las preguntas:

-"¿habéis sido vosotros?", dijeron, y nosotros nos acogimos a la quinta enmienda, y optamos por no responder, con lo que decidieron coger la señal, meterla en el furgón e irse. Así que, un día más, (ver relato "el corte de agua") nos pudimos ir a dormir con la satisfación del deber cumplido.

NOTA DEL AUTOR Y DEL CORRECTOR DE FALTAS (PILLO):

Este relato quiere ser un homenaje al último día que Cucu optó por el camino recto, es decir, el que marca la D43, y no por el que marca Tamara y su amigos.

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